Existe una idea extendida de que el síndrome de abstinencia no se produce en todas las drogas, o sólo en las drogas ilegales como la heroína. Sin embargo, el alcohol es una de las drogas más consumidas por la población y cuyo síndrome de abstinencia puede ser mortal. Normalmente se cree que esto se produce en casos graves o extremadamente raros, y sin embargo tiene su propia sintomatología y sus propios estadíos que pueden producir mucho sufrimiento, no sólo a nivel individual, sino también social y familiar.
En este artículo, hablaremos del síndrome de abstinencia, cuáles son los síntomas que lo componen, por qué se produce y qué factores influyen en la duración del proceso.
No debemos confundir las resacas con el síndrome de abstinencia del alcohol. El síndrome de abstinencia hace referencia al conjunto de síntomas (que la persona refiere) y signos (observables desde fuera) que puede presentar una persona que regularmente bebe una cantidad excesiva de alcohol y deja de hacerlo de forma brusca.
Los síntomas del síndrome de abstinencia pueden ser tanto físicos como psicológicos. Se produce una hiperactividad del sistema nervioso, incluyendo el sistema autónomo. Los síntomas más habituales del síndrome de abstinencia del alcohol son:
En general, estos síntomas producen una sensación de malestar significativa que puede graduarse en síntomas leves o hasta síntomas graves y mortales. Cuando hablamos de un síndrome de abstinencia con complicaciones, aparecen síntomas como las alucinaciones, las convulsiones, el delirium tremens o el síndrome de Wernicke o de Korsakoff. Estas últimas condiciones incluyen confusión y alteraciones en la memoria, ya sea por pérdidas de memorias como por incapacidad para formar nuevos recuerdos. En el caso de presentar estos síntomas graves y que producen un malestar clínicamente significativo, la persona debe ser hospitalizada.
El alcohol es una sustancia que afecta al sistema nervioso, alterando las sustancias químicas que comunican a unas neuronas con otras: los neurotransmisores. Cuando se bebe regularmente, el cuerpo se vuelve dependiente de estas sustancias y sus efectos. El alcohol, como el resto de drogas, produce cambios en el funcionamiento del cerebro, que se consolidan con el consumo frecuente. Es por ello que, cuando el cerebro deja de recibir la sustancia, se produce un desajuste de los neurotransmisores involucrados, y este desequilibrio produce los síntomas característicos del síndrome de abstinencia.
La recuperación se acompaña
Los síntomas del síndrome de abstinencia tienen la función de producir un intenso deseo por volver a consumir la sustancia y una respuesta de estrés ante su ausencia, con el objetivo de movilizar a la persona al consumo de la misma para disminuirlos. Así, se puede convertir en una lucha interna en la que el cuerpo pide y ansia ingerirlo con tal de reducir el malestar. Estos mecanismos son los que contribuyen a la dependencia física y psicológica del alcohol.
La aparición de éstos síntomas no es igual en todas las personas. Hay una serie de factores que influyen en su aparición y gravedad:
El síndrome de abstinencia se produce cuando se ha producido una desintoxicación física de la sustancia, es decir, cuando se expulsa la sustancia del cuerpo. Esto puede ocurrir en las primeras 8-12h. En este punto, es posible que aparezcan síntomas como deseos de beber, temblor en las manos, sudoración, náuseas o vómitos. A nivel psicológico, es posible que aparezca el desánimo, la irritabilidad o la ansiedad. Éstos síntomas suelen vivirse con mucho sufrimiento y de manera desagradable, pero dependiendo de la fase de dependencia en la que se encuentre la persona, estos síntomas pueden remitir a las 24-48h.
No obstante, es posible que la persona después de esto vuelva a consumir, y una vez que aparecen los síntomas de abstinencia tras los episodios de consumo, se seguirán repitiendo en cada ciclo, e incluso irán empeorando. Puesto que la ingesta del alcohol disminuye estos síntomas, el autoengaño y la necesidad de calmar ese malestar contribuyen a que sea más difícil salir del bucle.
En estadíos más graves, los síntomas del síndrome de abstinencia no remiten pasadas unas horas, y aparecen otros síntomas más graves como las taquicardias, aumento de la presión arterial, pesadillas, confusión y hasta convulsiones o alucinaciones. Normalmente mejoran a partir de los 5 días, pero pueden alargarse entre 7-10 días o hasta semanas.
Recupera tu vida paso a paso
Te acompañamos en la deshabituación para recuperar las áreas de tu vida que importan.
Cuando aparezcan los primeros síntomas del síndrome de abstinencia, es importante tener supervisión médica y de enfermería. Es posible que el tratamiento sea ambulatorio para la mayoría de los casos. Sin embargo, si ya se han padecido algunos de los síntomas graves, se requiere un ingreso hospitalario para un seguimiento más intensivo.
Para el tratamiento del síndrome de abstinencia, es fundamental contar con el apoyo de profesionales sanitarios, para realizar un tratamiento individualizado a las características de cada caso. En algunos casos, se receta medicación para ayudar a sobrepasar el síndrome de abstinencia, pero no es lo único que puede ayudar. Dependiendo del nivel de dependencia del alcohol, será necesario también el apoyo de otros profesionales como psiquiatras o psicólogos.
La dependencia del alcohol es un proceso que requiere de ayuda de muchos profesionales, como pueden ser médicos, psiquiatras, enfermeros y psicólogos. Una vez producida la desintoxicación, es necesario trabajar en la deshabituación psicológica. Es el periodo más largo de la recuperación, pero también el más enriquecedor, transformador y satisfactorio. Normalmente está centrado en cambios en estilo de vida y entornos sociales para aprender estrategias y habilidades para manejar situaciones que propician el consumo. Así, poco a poco, la persona va recuperando áreas de su vida que se están viendo afectadas por ésto (laboral, familiar, ocio) y con ello, su satisfacción personal.
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Soy psicóloga sanitaria y trabajo con diferentes problemáticas relacionadas con el estado de ánimo, ansiedad, situaciones vitales estresantes (problemas familiares, laborales, de pareja…), relaciones sociales y autoestima tanto en adultos como en jóvenes.
Siempre he tenido mucho interés en investigar sobre el cerebro y la conducta humana, y por ello, combiné el grado de Psicología con la colaboración en un grupo de investigación en psicobiología. Al terminar la carrera, realicé el Máster en Psicología General Sanitaria.
Actualmente, combinándolo con mi trabajo como terapeuta, estoy haciendo el Doctorado en Psicología en la Universitat Jaume I, investigando sobre el uso de las nuevas Tecnología de la Información y la Comunicación (TICs) en la terapia psicológica, como son el uso de la realidad aumentada y la terapia online.
Nº Colegiada: CV16304
Soy psicóloga sanitaria y trabajo con diferentes problemáticas relacionadas con el estado de ánimo, ansiedad, situaciones vitales estresantes (problemas familiares, laborales, de pareja…), relaciones sociales y autoestima tanto en adultos como en jóvenes.
Siempre he tenido mucho interés en investigar sobre el cerebro y la conducta humana, y por ello, combiné el grado de Psicología con la colaboración en un grupo de investigación en psicobiología. Al terminar la carrera, realicé el Máster en Psicología General Sanitaria.
Actualmente, combinándolo con mi trabajo como terapeuta, estoy haciendo el Doctorado en Psicología en la Universitat Jaume I, investigando sobre el uso de las nuevas Tecnología de la Información y la Comunicación (TICs) en la terapia psicológica, como son el uso de la realidad aumentada y la terapia online.
Nº Colegiada: CV16304