¿Has oído alguna vez la frase: «el primer paso no te lleva a donde quieres ir pero te saca de donde estás»? Esta frase, que puede parecer muy obvia, recoge una verdad importante respecto al proceso de cambio, tanto en la vida cotidiana como en el proceso de terapia.
Cuando alguien inicia el proceso de terapia, puede venir con muchas emociones por empezar a cambiar: miedo, ilusión, desesperanza, recelo, motivación… y sin embargo, el mero hecho de haberse decidido a acudir a la primera cita ya es un gran paso que le encamina hacia una mejora en su vida y en su bienestar. Si estás pensando hacer un cambio en tu vida, en este post te explicaremos sobre la importancia del primer paso, qué te lo dificulta y te lleva al estancamiento, y el cambio que supone en terapia.
El ser humano tiene una relación ambivalente con el cambio. Cuando estamos muy bien no queremos que las cosas cambien, y cuando las cosas nos van mal, queremos que sean distintas. Sin embargo, hay veces que incluso sabiendo que el cambio puede traer aspectos positivos, no nos lanzamos del todo a ponernos en marcha.
Esto se debe a que nos gusta la estabilidad y la seguridad, incluso cuando la situación en la que estamos no es satisfactoria. Que nos cueste mucho dar ese primer paso puede deberse a diversas razones. Quizás nos gustaría saltarnos ese periodo intermedio en el que debemos esforzarnos y adaptarnos, queremos estar ya en la nueva «zona de confort» que supone haberse habituado al cambio. O tal vez queremos resultados inmediatos sin pasar por cometer errores, queremos asegurarnos sólo experiencias de éxito.
Como nada de lo anterior es posible o es muy improbable, frente al cambio podemos sentirnos atrapados, temerosos o estancados. Este estancamiento se manifiesta en forma de emociones como la ansiedad, la pereza, o el miedo, y nos mantiene en un bucle de preocupaciones y excusas planteándonos todo lo malo que podría pasar si nos ponemos en marcha. De esta manera, a la hora de tomar una decisión para realizar un cambio, la balanza se tuerce más hacia los contras o minimizando aquello positivo que podríamos conseguir. Muchas veces pensamos que si no somos capaces de ver el destino final o no tenemos bien planificado cómo llegar hasta él, no vale la pena esforzarse. Y es justo esta mentalidad la que no nos sacará de donde estamos.
El cambio empieza con un paso
Para poder sobrepasar ese estancamiento, debemos pedirnos lo mínimo que no suponga muchos costes y que no suponga mucho esfuerzo. Un primer pequeño (gran) paso. Este movimiento puede parecer insignificante, pero supone una toma de decisión hacia el cambio, sin que apenas nos hayamos dado cuenta. Y muy probablemente no nos lleve mañana a conseguir lo que queremos, pero al menos, estamos más cerca que el día anterior de conseguirlo. El problema con la consecución de metas es que a veces vemos todo el trayecto y nos desanimamos. Es como si al principio de una escalera enorme viéramos todo lo que nos queda por subir. Sin embargo, centrar y poner toda la energía en ese primer paso nos pinta un panorama mucho más alcanzable y factible de conseguir. Si logramos recompensarlos esos primeros pasos, dándole esa importancia, estaremos logrando reforzar ese movimiento para que haya mayor probabilidad de que lo repitamos, y una vez rota la inercia inicial, se nos hará más fácil continuar con el movimiento hacia otros pasos.
A nivel cognitivo, dar un pequeño primer paso puede tener un impacto importante. Con ese primer paso, podemos lograr alejarnos de aquellas creencias que nos dicen que no seremos capaces de lograrlo, o que no vale la pena intentarlo. Cuando conseguimos demostrarnos que no es así, con pequeños gestos, estamos aumentando nuestra sensación de autoeficacia, es decir, la creencia de que somos capaces de conseguir lo que queremos. Esto refuerza nuestra autoestima, al reflejarnos una imagen de nosotros diferente a la que nos dice nuestra cabeza.
En el contexto de la terapia psicológica, los primeros pasos son también grandes logros. Sea el problema que sea, tomar conciencia de ello ya supone un paso importante, porque nos coloca en una perspectiva que nos invita más al cambio. Muchas personas llegan a terapia con sensación de desesperanza, paralizadas por sus problemas. Es por ello que desde el principio, las psicólogas insistimos mucho en que la persona se reconozca ese «pequeño paso» de haber acudido a la primera sesión, pues constituye un primer movimiento hacia la vida que quiere. De nuevo, sabemos que ese primer gesto no solucionará el problema de inmediato, pero sí es un movimiento distinto que rompe el ciclo de inacción. Ponernos en marcha nos da nueva información con la que podemos seguir balanceando nuestra toma de decisiones hacia el lado que nos lleva a la siguiente acción.
Da tu primer paso con apoyo
Si el miedo al cambio te frena, estamos aquí para ayudarte a moverte.
Realizar el primer paso es un ejercicio muy común que se pauta en terapia. Solemos preguntar «cuál es el mínimo esfuerzo que te ves capaz de hacer hoy», y se debe responder desde la propia subjetividad, no desde lo que se esperaría socialmente, ya que el primer paso es muy personal. Pongamos un ejemplo cotidiano: dos personas quieren cambiar sus hábitos de ejercicio físico, y las dos quieren ser más activas. Si eres una persona que le gusta moverse y quiere empezar a entrenar baloncesto, el primer paso puede consistir en comprar una pelota, ¡o incluso mirar precios en la tienda e irse!. Pero si eres una persona sedentaria que hace tiempo que no hace ejercicio, quizá el primer paso es ponerse las zapatillas o andar durante un minuto en casa. Sabemos que esos primeros pasos no les llevarán a ser personas activas ya, pero sí que las encaminan a estar en contacto con las sensaciones agradables (o potencialmente agradables), de hacer la actividad. Y es justo ese «gustirrinín», lo que hará que crezca la motivación.
Volviendo a la frase del comienzo, centrarnos en que los primeros pasos nos sacan de donde estamos y nos movilizan hacia lo que queremos nos permite ver los procesos de cambios no como una serie de grandes saltos o hazañas, sino como un conjunto de pequeñas decisiones factibles que contribuyen al desarrollo del camino que nos lleva adonde queremos.
Nosotras en psicologiamariapalau podemos guiarte y acompañarte en este proceso de cambio.
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Soy psicóloga sanitaria y trabajo con diferentes problemáticas relacionadas con el estado de ánimo, ansiedad, situaciones vitales estresantes (problemas familiares, laborales, de pareja…), relaciones sociales y autoestima tanto en adultos como en jóvenes.
Siempre he tenido mucho interés en investigar sobre el cerebro y la conducta humana, y por ello, combiné el grado de Psicología con la colaboración en un grupo de investigación en psicobiología. Al terminar la carrera, realicé el Máster en Psicología General Sanitaria.
Actualmente, combinándolo con mi trabajo como terapeuta, estoy haciendo el Doctorado en Psicología en la Universitat Jaume I, investigando sobre el uso de las nuevas Tecnología de la Información y la Comunicación (TICs) en la terapia psicológica, como son el uso de la realidad aumentada y la terapia online.
Nº Colegiada: CV16304
Soy psicóloga sanitaria y trabajo con diferentes problemáticas relacionadas con el estado de ánimo, ansiedad, situaciones vitales estresantes (problemas familiares, laborales, de pareja…), relaciones sociales y autoestima tanto en adultos como en jóvenes.
Siempre he tenido mucho interés en investigar sobre el cerebro y la conducta humana, y por ello, combiné el grado de Psicología con la colaboración en un grupo de investigación en psicobiología. Al terminar la carrera, realicé el Máster en Psicología General Sanitaria.
Actualmente, combinándolo con mi trabajo como terapeuta, estoy haciendo el Doctorado en Psicología en la Universitat Jaume I, investigando sobre el uso de las nuevas Tecnología de la Información y la Comunicación (TICs) en la terapia psicológica, como son el uso de la realidad aumentada y la terapia online.
Nº Colegiada: CV16304